El Gimnasio Fontana, en Bogotá, recibió una acreditación internacional que valida su apuesta por enseñar habilidades humanas en plena expansión de la inteligencia artificial. Su metodología What If? Creative Thinking pone el foco en pensamiento crítico, creatividad, colaboración y bienestar: justo lo que no se automatiza con un buen prompt.
Resumen rápido
- El colegio colombiano fue destacado por una metodología propia orientada a creatividad, criterio y trabajo colaborativo.
- La propuesta responde a una pregunta urgente: qué deben aprender los estudiantes cuando la IA ya entrega respuestas en segundos.
- El caso sirve como señal para empresas y universidades: el talento digital también depende de habilidades humanas.
La discusión sobre inteligencia artificial en educación suele quedarse atrapada en dos extremos: prohibir herramientas como ChatGPT o celebrarlas como si fueran la solución a todos los problemas del aula. En el medio hay una conversación más útil: qué capacidades deberían fortalecer los estudiantes cuando la información ya está disponible casi al instante. El caso del Gimnasio Fontana, en Bogotá, aterriza esa pregunta con una metodología propia llamada What If? Creative Thinking.
DPL News reseñó que la institución, que cumple 40 años, obtuvo una acreditación del Council of International Schools (CIS) tras un proceso de evaluación sobre currículo, enseñanza, aprendizaje, liderazgo y mejora continua. El reconocimiento valida una propuesta pedagógica que no se limita a incluir tecnología en clase, sino que reorganiza el aprendizaje alrededor de pensamiento crítico, creatividad, comunicación, colaboración, adaptabilidad, liderazgo y bienestar emocional.
La idea central es sencilla y potente: si una IA puede responder preguntas, resumir textos, programar y producir borradores en segundos, la escuela no puede competir enseñando solo a memorizar respuestas. Tiene que enseñar a formular mejores preguntas, entender contextos, conectar disciplinas y convertir ideas en soluciones. Es menos vistoso que estrenar una sala llena de pantallas, pero probablemente más transformador.
What If? trabaja con proyectos interdisciplinarios y retos reales que integran ciencias, matemáticas, tecnología, arte y humanidades. Esa mezcla importa porque el mundo laboral tampoco separa los problemas por materias. Una pyme que adopta IA necesita entender datos, clientes, comunicación, ética, costos y operación. Un estudiante que aprende a resolver problemas desde varias miradas llega mejor preparado que uno que solo sabe entregar la respuesta “correcta” de una guía.
El enfoque coincide con señales globales. El Foro Económico Mundial, en su informe sobre el futuro del empleo, ha insistido en que habilidades como pensamiento analítico, creatividad, resiliencia, flexibilidad y aprendizaje continuo estarán entre las más valiosas para los próximos años. La tecnología cambia las herramientas; esas capacidades ayudan a decidir qué hacer con ellas.
Para Colombia, el caso es relevante por una razón práctica: el país habla mucho de cerrar brechas digitales, pero no basta con formar usuarios de software. Si las empresas van a incorporar IA en ventas, finanzas, salud, agro o servicios públicos, necesitarán personas capaces de revisar resultados, detectar errores, hacer preguntas incómodas y trabajar con equipos diversos. El talento digital no es solo saber usar una plataforma; es tener criterio para no obedecerla a ciegas.
Otro punto interesante es el bienestar. La metodología del colegio incluye un Programa de Felicidad orientado a autoconciencia, autorregulación, empatía, resiliencia y proyecto de vida. En tiempos de automatización, esa parte puede sonar blanda, pero no lo es. La presión por aprender más rápido, competir con máquinas y adaptarse a cambios continuos también exige salud emocional. Una educación que ignore ese frente forma personas técnicamente capaces, pero frágiles para sostener procesos largos de innovación.
El mensaje para colegios, universidades y áreas de capacitación empresarial es claro: la IA no debería reducir la educación a saber escribir prompts. El reto es diseñar experiencias donde los estudiantes investiguen, contrasten, creen, fallen, ajusten y expliquen sus decisiones. La herramienta puede ayudar; el aprendizaje ocurre cuando alguien entiende por qué eligió un camino y qué consecuencias tiene.
Lo que conviene mirar ahora es si más instituciones colombianas convierten esta discusión en cambios concretos de currículo. Hablar de IA en educación ya no alcanza. La diferencia estará en preparar personas que puedan usarla con imaginación, responsabilidad y criterio propio. En un país que necesita más innovación y menos copia de modelos ajenos, aprender a preguntar mejor puede ser una ventaja competitiva.