Inteligencia Artificial09 Jul 2026ODEKLAS

La IA ya cambió la hoja de vida: las habilidades que empresas colombianas van a pedir más

La inteligencia artificial dejó de ser una habilidad “extra” para convertirse en una señal de empleabilidad. Una nota reciente de Forbes Colombia sobre las habilidades más demandadas por las empresas confirma una conversación que ya se está sintiendo en oficinas, universidades y emprendimientos: saber usar IA con criterio empieza a pesar tanto como manejar un software específico.

Resumen rápido

  • Las empresas están mirando más allá del título: quieren personas capaces de resolver problemas con datos, automatización e IA.
  • Para Colombia, la oportunidad está en formar talento aplicable: ventas, servicio, finanzas, operaciones, salud, educación y software.
  • El reto no es “aprender prompts” de memoria, sino combinar pensamiento crítico, seguridad, comunicación y dominio del negocio.

Hasta hace poco, hablar de inteligencia artificial en el trabajo sonaba a laboratorios, programadores o grandes compañías con presupuestos generosos. Eso cambió rápido. Hoy una persona de mercadeo puede usar IA para probar mensajes, un equipo comercial puede resumir llamadas, un contador puede automatizar conciliaciones y una pyme puede contestar mejor a sus clientes sin contratar una mesa de soporte completa.

Por eso la noticia publicada por Forbes Colombia sobre el cambio del mercado laboral por la IA cae en un punto sensible: el país no solo necesita más ingenieros. Necesita profesionales de muchas áreas que sepan trabajar con herramientas inteligentes sin perder criterio. En otras palabras, la habilidad clave no es pedirle algo bonito a un chatbot, sino convertir una tarea real en un flujo más claro, más rápido y más confiable.

Para las empresas colombianas, esto tiene una lectura práctica. La adopción de IA no avanza solamente cuando se compra una licencia corporativa. Avanza cuando la gente entiende dónde usarla y dónde no. Un equipo de servicio puede apoyarse en resúmenes automáticos, pero debe saber cuándo escalar a un humano. Un abogado puede ordenar documentos con ayuda de IA, pero no puede entregar una respuesta sin revisar fuentes. Un analista puede generar un tablero preliminar, pero necesita entender los datos antes de tomar decisiones.

Ahí aparecen las habilidades que van a pesar más en las hojas de vida. La primera es alfabetización en IA: conocer qué hacen estas herramientas, qué límites tienen y cómo validar sus resultados. La segunda es manejo de datos, incluso en niveles básicos: limpiar información, leer patrones, detectar errores y hacer preguntas útiles. La tercera es automatización de procesos, porque muchas mejoras no vendrán de grandes plataformas, sino de conectar tareas repetitivas con flujos sencillos.

La cuarta habilidad es comunicación. Suena poco tecnológica, pero es central. Quien sabe explicar un problema, escribir instrucciones claras, documentar decisiones y traducir resultados técnicos a lenguaje de negocio tendrá ventaja. La IA premia a quienes formulan bien; también expone a quienes no entienden lo que están pidiendo. La quinta es criterio ético y de seguridad: no subir datos sensibles a cualquier herramienta, no inventar fuentes, no automatizar decisiones delicadas sin supervisión y no confundir velocidad con calidad.

El contexto colombiano hace que este cambio sea especialmente interesante. Muchas compañías aún están en una digitalización desigual: algunas ya prueban agentes, analítica avanzada o asistentes internos; otras siguen resolviendo procesos críticos por correo, Excel y WhatsApp. Esa brecha puede ser un problema, pero también una oportunidad. Un trabajador que aprende a ordenar procesos, proteger datos y aplicar IA en tareas concretas puede generar impacto incluso en empresas que no se consideran “tecnológicas”.

Para universidades, bootcamps y programas públicos de formación, el mensaje debería ser claro: menos cursos genéricos de moda y más ejercicios conectados con oficios reales. IA para inventarios en una tienda, para atención ciudadana en una alcaldía, para seguimiento de pacientes, para análisis de cartera, para reclutamiento responsable, para agricultura o para logística. El talento se vuelve competitivo cuando puede mostrar casos, no solo certificados.

También hay una advertencia para los trabajadores. La IA no reemplaza de la misma manera a todos los cargos, pero sí cambia expectativas. Tareas que antes tomaban horas ahora pueden salir en minutos; por eso el valor se mueve hacia revisar, priorizar, decidir y mejorar. Quien use IA para entregar más ruido quedará en evidencia. Quien la use para pensar mejor, documentar mejor y ejecutar con más precisión tendrá una ventaja difícil de ignorar.

Lo siguiente a mirar en Colombia será cómo las empresas incorporan estas habilidades en procesos de selección y capacitación interna. Si la conversación se queda en pedir “manejo de IA” como una línea vaga en la vacante, se perderá valor. Si se convierte en pruebas prácticas —resolver un caso, automatizar un paso, detectar riesgos, explicar una decisión—, el mercado laboral puede volverse más honesto y más productivo.

La buena noticia es que esta transición no exige que todos se vuelvan científicos de datos. Sí exige curiosidad, disciplina y práctica. La hoja de vida que viene no será la que diga “sé usar IA”, sino la que pueda demostrar: “usé IA para ahorrar tiempo, reducir errores, vender mejor, atender mejor o decidir con más evidencia”. Esa diferencia, en un mercado competido, puede valer mucho.

Fuentes consultadas