Startups e innovación19 Jul 2026ODEKLAS

J Balvin y Veronorte ponen el venture capital tecnológico en conversación colombiana

La inversión de la family office de J Balvin en un fondo colombiano de Veronorte no es solo una nota curiosa de celebridades: es una señal de que el capital local está mirando más en serio a la tecnología global. El fondo conecta inversionistas latinoamericanos con vehículos de venture capital en Estados Unidos, donde se mueven compañías privadas de IA, búsqueda, espacio y baterías que difícilmente llegan al mercado público temprano.

Resumen rápido

  • Veronorte ya superó los US$20 millones en compromisos para su Fondo de Fondos II, según Infobae.
  • El vehículo busca exposición indirecta a compañías como OpenAI, Anthropic, SpaceX, Perplexity, Positron y Coreshell.
  • Para Colombia, la noticia importa porque acerca capital privado local a redes globales de innovación, aunque todavía falta convertir ese aprendizaje en inversión productiva dentro del país.

El dato que prendió titulares fue el nombre de J Balvin. Su family office entró como inversionista en el nuevo fondo de Veronorte, una gestora nacida en Colombia que desde hace años trabaja una tesis clara: abrirle a capital latinoamericano una puerta hacia los grandes fondos de venture capital de Estados Unidos. La noticia fue reportada por Infobae con base en información de El Financiero, y encaja con lo que la propia Veronorte comunica en su sitio: más de US$100 millones desplegados en venture capital estadounidense, 24 fondos y un portafolio combinado de más de 600 compañías transformacionales.

Más allá del brillo mediático, el punto fuerte está en el tipo de acceso. Muchas de las empresas que están definiendo la nueva capa tecnológica —modelos de inteligencia artificial, infraestructura para cómputo, búsqueda conversacional, baterías avanzadas o exploración espacial— permanecen privadas durante más tiempo. Eso significa que el inversionista que espera a que salgan a bolsa llega tarde o entra a valoraciones muy distintas. El venture capital se volvió una ruta para participar antes, con más riesgo, sí, pero también con una ventana más cercana al origen de la innovación.

Veronorte habla de tendencias como agentes de IA, automatización profesional, clima, transición energética y nuevas infraestructuras digitales. Infobae menciona ejemplos como Positron, enfocada en procesadores para IA; Perplexity, búsqueda basada en inteligencia artificial; y Coreshell, una compañía que trabaja en materiales para baterías. La tesis es coherente: no se trata de perseguir “la app de moda”, sino de invertir en capas que pueden sostener los próximos ciclos de productividad.

Para empresas colombianas, la lectura útil no es “copiemos Silicon Valley”. El aprendizaje es otro: el capital sofisticado se mueve por tesis, redes y paciencia. Si una pyme o corporativo colombiano quiere entender hacia dónde van los costos de software, atención al cliente, automatización de procesos o energía, mirar estos portafolios da pistas. Lo que hoy parece distante —agentes que ejecutan tareas, chips optimizados para IA, nuevas baterías— puede terminar bajando en dos o tres años como herramienta comercial, proveedor o presión competitiva.

También hay una conversación pendiente sobre doble vía. Está bien que inversionistas colombianos busquen exposición a OpenAI, Anthropic o SpaceX por medio de fondos globales. Pero el reto grande es que parte de ese conocimiento, red y apetito de riesgo vuelva al ecosistema local. Colombia tiene fundadores capaces, sectores con problemas duros —salud, logística, agricultura, servicios financieros, educación— y una base empresarial que necesita automatizarse. Lo que falta con frecuencia es capital paciente, compradores corporativos dispuestos a pilotear y más conexiones internacionales que no se queden solo en foto de evento.

La entrada de una figura cultural como J Balvin también ayuda a normalizar una idea: invertir en tecnología ya no es un asunto reservado para ingenieros o fondos tradicionales. Los patrimonios familiares, creadores, empresarios de entretenimiento y dueños de compañías medianas están buscando cómo participar en el crecimiento tecnológico sin montar una startup desde cero. Eso puede traer nuevos recursos al ecosistema, siempre que se haga con asesoría seria y entendiendo que venture capital no es renta fija con marketing bonito.

Lo que conviene mirar después es si Veronorte logra cerrar su fondo de coinversiones, anunciado para invertir directamente en cerca de una decena de compañías tecnológicas, y si más inversionistas colombianos empiezan a construir tesis propias alrededor de IA, energía, fintech, salud o software B2B. La noticia es buena, pero la vara real será esta: que Colombia no solo compre exposición a la innovación global, sino que aprenda a financiar la innovación que puede nacer acá.

Fuentes consultadas