Tecnología24 Jul 2026ODEKLAS

Internet en el aula sí mueve la aguja: Claro reporta mejoras en Saber 11 con Escuelas Conectadas

Un nuevo reporte sobre Escuelas Conectadas Claro por Colombia deja una idea potente para el debate educativo: llevar internet a un colegio sirve, pero sirve mucho más cuando se vuelve parte de la pedagogía. Según la medición divulgada por Portafolio y Semana, ocho de cada diez instituciones evaluadas mejoraron su puntaje global en Saber 11 y más de 2.000 estudiantes usarían este año la plataforma Aprende con Claro.

Resumen rápido

  • La medición se hizo sobre 100 instituciones beneficiarias del programa Escuelas Conectadas Claro por Colombia.
  • Los colegios con avances registraron un crecimiento promedio de 8,2% en sus resultados; también hubo mejoras en inglés, matemáticas y lectura crítica.
  • La señal para Colombia es clara: conectividad, contenidos, docentes y acompañamiento deben ir juntos; el cable solo no transforma el aula.

Colombia ha invertido años hablando de brecha digital educativa, pero muchas veces el debate se resume a una pregunta demasiado corta: ¿hay internet o no hay internet? El caso de Escuelas Conectadas muestra que la conectividad es apenas el punto de partida. Lo interesante no es instalar una red y salir en la foto; lo difícil es que esa red termine cambiando cómo estudian los jóvenes, cómo preparan clase los docentes y cómo una institución mide su progreso.

De acuerdo con Portafolio, Claro Colombia analizó el impacto de su programa en una muestra de 100 instituciones beneficiarias. El resultado más llamativo fue que ocho de cada diez estudiantes —o instituciones evaluadas, según el enfoque reportado por los medios— mejoraron su desempeño global en las Pruebas Saber 11. Semana agregó que las instituciones con avances registraron un crecimiento promedio de 8,2% en sus puntajes. También se reportaron mejoras específicas: 8,7% en inglés, 7,2% en matemáticas y 5,8% en lectura crítica.

La cifra no debería leerse como “internet sube notas” de manera automática. Esa interpretación sería cómoda, pero floja. El propio reporte subraya que los mejores resultados aparecen cuando la tecnología se integra de forma permanente al proceso educativo: plataformas de aprendizaje, simulacros para Saber 11, recursos digitales, fortalecimiento docente y acompañamiento continuo. Es decir, conectividad más método. Ahí está el verdadero aprendizaje para gobiernos, empresas y colegios.

El programa Escuelas Conectadas Claro por Colombia lleva más de seis años en marcha y, según Semana, beneficia a 401 instituciones en diferentes regiones del país, con más de 498.000 estudiantes y docentes impactados. A ese ecosistema se suma Aprende con Claro, una plataforma gratuita presentada en 2025 que ofrece más de 1.000 contenidos entre cursos, diplomados, herramientas de aprendizaje y biblioteca digital. La compañía estima que durante este año más de 2.000 estudiantes de instituciones beneficiarias harán cursos por esa vía.

Para las empresas, esta noticia tiene una lectura práctica: la tecnología educativa no se vende solo como infraestructura. La oportunidad está en empaquetar conectividad con contenidos, analítica, formación docente, soporte y medición de resultados. En un país donde muchas instituciones tienen necesidades distintas —ruralidad, baja disponibilidad de equipos, docentes con cargas altas, estudiantes con acceso desigual en casa—, el valor no está en “digitalizar” por moda, sino en diseñar soluciones que encajen con la realidad del aula.

También aparece una conversación inevitable sobre inteligencia artificial. Si las plataformas educativas empiezan a ordenar contenidos, recomendar rutas de aprendizaje, detectar vacíos y acompañar a docentes, la IA puede convertirse en una aliada útil. Pero no debería entrar como juguete brillante. Primero deben existir datos confiables, protección de menores, objetivos pedagógicos claros y criterios para no reemplazar la relación humana que sostiene el aprendizaje. La IA puede ayudar a personalizar, pero el aula no es un tablero de métricas.

Para el país, el punto central es continuidad. Colombia necesita más programas que conecten instituciones, pero sobre todo necesita medir qué pasa después de la instalación. ¿Mejoran las competencias? ¿Los docentes usan los recursos? ¿Los estudiantes acceden fuera del colegio? ¿La plataforma funciona en celulares de gama baja? ¿Hay acompañamiento cuando se cae la red o cuando nadie sabe usar una herramienta? Esas preguntas aterrizan la transformación digital en algo menos rimbombante y más útil.

Lo que hay que mirar ahora es si estos aprendizajes se escalan sin perder calidad. Si la conectividad educativa se combina con formación, contenidos y seguimiento, puede dejar de ser una promesa repetida en discursos y convertirse en una herramienta real para cerrar brechas. Esa sí sería una buena noticia: menos cable abandonado, más aprendizaje medible.

Fuentes consultadas