La movilidad electrificada dejó de ser una rareza en Colombia: durante el primer semestre de 2026, los vehículos eléctricos e híbridos rondaron el 44% de las matrículas nuevas. El dato, reportado con base en cifras de Fenalco y la ANDI, muestra un cambio rápido en las preferencias de compra y abre una pregunta práctica: ¿están listas las empresas, ciudades y redes de carga para este salto?
Resumen rápido
- Entre enero y junio se matricularon 157.620 vehículos nuevos en Colombia, un crecimiento de 50,1% frente al mismo periodo de 2025.
- Los eléctricos crecieron 235,5% y los híbridos 74,6%; juntos sumaron 69.082 unidades, cerca del 44% del mercado.
- El auge empuja nuevas oportunidades en infraestructura de carga, software de flotas, financiación verde y servicios posventa especializados.
El mercado automotor colombiano se movió con fuerza en el primer semestre de 2026, pero la noticia de fondo no es solo que se vendan más carros. Lo relevante es que una parte grande de ese crecimiento viene de tecnologías de bajas emisiones. Según cifras reseñadas por Forbes Colombia a partir de Fenalco y la ANDI, las matrículas totales llegaron a 157.620 unidades entre enero y junio, frente a 105.006 del mismo periodo del año pasado.
Dentro de ese paquete, los eléctricos puros alcanzaron 24.477 matrículas, con un salto de 235,5%. Los híbridos, por su parte, llegaron a 44.605 unidades y crecieron 74,6%. En conjunto, eléctricos e híbridos sumaron 69.082 vehículos. Es decir: casi 4 de cada 10 automotores nuevos registrados en el país ya no dependen únicamente de gasolina o diésel.
El dato también fue recogido por medios como Semana y El Colombiano, que destacaron el avance de marcas como Tesla, BYD y Mazda en distintas franjas del mercado. Más allá del ranking, la señal es clara: el comprador colombiano está empezando a considerar costo total de uso, restricciones ambientales, tecnología embarcada y disponibilidad de modelos antes que solo precio de entrada.
Para las empresas, esto cambia varias cuentas. Una flota híbrida o eléctrica no se evalúa igual que una tradicional: entran variables como puntos de carga, tiempos muertos, telemetría, mantenimiento predictivo, seguros, baterías y depreciación. Allí aparece una oportunidad para proveedores de software, integradores de energía, startups de logística y bancos que quieran diseñar productos de financiación con datos reales de operación.
También hay una lectura urbana. Si las ventas siguen a este ritmo, Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y ciudades intermedias tendrán que acelerar la conversación sobre cargadores públicos, parqueaderos preparados, redes eléctricas barriales y normas de copropiedad. No basta con que el usuario compre el vehículo: necesita cargarlo sin convertir la experiencia en una carrera de obstáculos.
El sector público tiene otra tarea: ordenar incentivos sin crear cuellos de botella. Menos emisiones locales suenan muy bien, pero la transición se vuelve más sólida si viene acompañada de datos abiertos sobre puntos de carga, estándares técnicos, formación para talleres y reglas claras para reciclaje o segunda vida de baterías. Ahí la tecnología pesa tanto como el motor.
Para las personas, el mensaje es menos futurista y más cotidiano. Antes de comprar, conviene mirar hábitos de recorrido, acceso a carga en casa o trabajo, garantía de batería, red de servicio y disponibilidad de repuestos. La buena noticia es que el mercado ya no está en modo “experimento”: hay más modelos, más información y más competencia.
Qué mirar ahora: si el crecimiento de eléctricos se sostiene cuando termine el impulso inicial, si la red de carga crece fuera de las grandes capitales y si las empresas empiezan a publicar casos reales de ahorro operativo. La electrificación ya entró a la conversación masiva; el siguiente reto es que funcione bien en la calle, no solo en las cifras del semestre.