Google y el gobierno electo de Abelardo De la Espriella iniciaron conversaciones para construir una agenda de cooperación en inteligencia artificial, transformación digital y formación de talento. La noticia es relevante porque pone sobre la mesa una pregunta práctica para Colombia: cómo convertir la IA en productividad, mejores servicios públicos y capacidades locales, sin quedarse en una foto diplomática.
Resumen rápido
- La reunión con directivos de Google se enfocó en IA, economía digital, talento y posibles alianzas para el próximo cuatrienio.
- Expertos citados por BusinessCol piden que la política tecnológica priorice conectividad, formación, ciberseguridad y reglas claras.
- Para empresas y entidades públicas, el reto será pasar de pilotos aislados a proyectos medibles, gobernados y con impacto ciudadano.
La conversación entre Google y el gobierno entrante llega en un momento en el que la inteligencia artificial dejó de ser un tema exclusivo de laboratorios o áreas de innovación. Ya está en bancos, universidades, salud, trámites públicos, comercios, medios y equipos de ventas. Por eso, cuando una big tech se sienta con un gobierno a hablar de IA, la lectura no debe quedarse en “más tecnología para Colombia”. Lo importante es entender qué capacidades se van a construir, quién se beneficia y cómo se mide el resultado.
Según la información publicada por Yahoo Noticias a partir de Valora Analitik, el vicepresidente electo José Manuel Restrepo se reunió en Washington con Karan Bhatia, líder global de asuntos gubernamentales y política pública de Google. La agenda mencionada incluye inteligencia artificial, transformación digital, innovación y desarrollo de talento. Suena amplio, claro. Pero esa amplitud también puede ser una oportunidad si se aterriza en frentes concretos: formación técnica, infraestructura de nube, uso responsable de datos, herramientas para productividad empresarial y modernización del Estado.
Colombia ya tiene varias piezas del rompecabezas. Hay programas de formación digital en regiones, universidades explorando IA en docencia e investigación, startups que incorporan automatización en servicios cotidianos y entidades públicas probando modelos para responder trámites o analizar información. Lo que falta, muchas veces, es coordinación. Una hoja de ruta útil debería conectar esas iniciativas con metas verificables: menos tiempos de respuesta en servicios públicos, más pymes usando IA con seguridad, más talento certificado y más soluciones hechas desde Colombia.
BusinessCol, por su parte, recogió prioridades planteadas por expertos para el próximo gobierno en materia tecnológica. Entre ellas aparecen temas poco glamorosos pero decisivos: conectividad, ciberseguridad, talento, digitalización empresarial y confianza. Ese punto es clave. La IA no funciona bien en un país donde todavía hay brechas de acceso, datos desordenados y organizaciones que no saben quién responde cuando un algoritmo toma una mala decisión.
Para las empresas colombianas, una alianza de este tipo puede abrir puertas si se traduce en herramientas prácticas y no solo en eventos. Las pymes necesitan casos de uso entendibles: automatizar soporte, ordenar inventarios, crear contenidos comerciales, analizar ventas, detectar fraudes o mejorar atención al cliente. Las grandes compañías, en cambio, van a exigir gobierno de datos, seguridad, integración con sistemas existentes y retorno de inversión. En ambos casos, el talento será el cuello de botella.
Para las personas, la discusión también importa. Si la IA se convierte en política pública real, puede mejorar servicios, abrir rutas de empleo y facilitar trámites. Pero también puede aumentar desigualdades si solo llega a quienes ya tienen buena conectividad, inglés técnico y acceso a herramientas pagas. Ahí el Estado tiene una tarea clara: hacer que la formación y la adopción no se queden concentradas en Bogotá, Medellín o unas pocas empresas grandes.
¿Qué mirar después? Primero, si el anuncio se convierte en un plan con fechas, responsables y presupuesto. Segundo, qué papel tendrán universidades, startups y empresas locales, porque una estrategia de IA sin ecosistema nacional termina siendo dependencia tecnológica elegante. Tercero, cómo se manejarán datos, privacidad y transparencia en proyectos públicos. En IA, la confianza no se firma en un memorando: se gana con resultados visibles y reglas claras.