Inteligencia Artificial16 Jul 2026ODEKLAS

Crédito con IA en Colombia: más agilidad, pero la confianza todavía tiene letra pequeña

La inteligencia artificial ya está entrando al corazón del crédito colombiano: evaluación de perfiles, prevención de fraude, educación financiera y atención más rápida. El punto fino no es si la tecnología sirve, sino dónde los usuarios están dispuestos a dejarla decidir y dónde todavía quieren una explicación humana clara.

Resumen rápido

  • Un estudio de DataCrédito Experian reporta que el 59 % de los colombianos encuestados usó herramientas con IA en el último año.
  • El 73 % percibe mejoras en servicios financieros por innovaciones como IA, automatización y aplicaciones digitales.
  • La confianza baja cuando la IA pasa de ayudar a aprobar o rechazar créditos: ahí solo el 38 % dice confiar.

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa lejana para el sector financiero colombiano. Hoy aparece en el bolsillo, en la app del banco, en la billetera digital, en el chatbot que resuelve una duda y en los modelos que ayudan a detectar señales de fraude. La novedad de fondo es que esa adopción ya se está midiendo desde la experiencia del usuario: no solo desde el entusiasmo de las empresas que compran software.

Según el estudio Cómo la innovación y la IA están transformando la inclusión crediticia, divulgado por DataCrédito Experian y reseñado por medios especializados, el 59 % de los colombianos encuestados afirmó haber usado durante el último año herramientas impulsadas por inteligencia artificial. Además, el 73 % asoció mejoras en los servicios financieros con tecnologías como IA, automatización y aplicaciones digitales.

El dato es relevante porque el crédito en Colombia suele moverse entre dos fuerzas: la necesidad de incluir a más personas y pequeños negocios, y el deber de cuidar el riesgo. Cuando la información se analiza mejor, una entidad puede entender con más detalle el comportamiento financiero de un usuario, detectar inconsistencias y ofrecer productos más ajustados. Eso, bien usado, puede abrir puertas a personas que antes quedaban por fuera por falta de historial tradicional o por procesos demasiado rígidos.

Pero la encuesta también deja una alerta sana. Los colombianos confían más en la IA cuando actúa como copiloto que cuando queda al mando de decisiones sensibles. La confianza llega al 50 % en herramientas orientadas a prevenir fraude y al 49 % cuando la tecnología ayuda a organizar finanzas o recomendar productos. En cambio, cae al 38 % cuando la IA interviene en la aprobación o rechazo de créditos.

Esa diferencia dice mucho. Para una persona, que un algoritmo organice gastos o avise sobre un posible fraude se siente útil. Que ese mismo algoritmo defina si recibe o no un préstamo toca una fibra distinta: transparencia, sesgos, posibilidad de reclamo y derecho a entender la decisión. Ahí las empresas tienen tarea. No basta con decir “lo decidió el modelo”; hay que explicar qué variables se miraron, cómo se protege la información y cuál es el canal para corregir errores.

En el lado corporativo, el avance también se nota. DataCrédito Experian reporta que el 27 % de las empresas consultadas está en un nivel avanzado de innovación y que otro 26 % está escalando sus herramientas tecnológicas. Los beneficios más citados son ahorro de costos, mayor eficiencia en la atención a clientes y reducción de tiempos en tareas operativas. Para bancos, fintechs, cooperativas y comercios que venden a crédito, esto puede traducirse en decisiones más rápidas y procesos menos manuales.

El movimiento no ocurre aislado. El Frente reseñó otro caso regional: Alegra, plataforma de gestión financiera para pymes, afirma que el 79 % de sus usuarios ahorra al menos dos horas semanales con automatización e IA en procesos administrativos y financieros. También destacó la integración del Model Context Protocol para conectar asistentes como ChatGPT o Claude con información financiera real de las empresas. Ese tipo de herramientas muestra hacia dónde va el mercado: menos reportes estáticos y más conversación con los datos del negocio.

Para las pymes colombianas, la oportunidad es concreta. Una tienda, un emprendimiento de servicios o una empresa familiar puede usar IA para ordenar flujo de caja, entender cartera, preparar información para solicitar crédito o anticipar pagos vencidos. El riesgo, claro, es creer que la herramienta reemplaza la disciplina financiera. La IA ayuda a ver patrones; no arregla desorden contable, datos incompletos ni decisiones tomadas a ciegas.

Lo que viene ahora será una mezcla de producto, confianza y regulación. Las entidades financieras tendrán que competir no solo por tasa o velocidad, sino por claridad. Los usuarios van a preguntar más: qué datos se usan, para qué se usan y qué pasa si el sistema se equivoca. Y los reguladores tendrán que mirar con lupa los casos donde un modelo automatizado afecte acceso a crédito, identidad financiera o prevención de fraude.

La lectura para Colombia es sencilla: la IA puede volver el crédito más ágil e incluyente, pero solo si viene acompañada de explicaciones entendibles, seguridad fuerte y rutas de atención humanas cuando la decisión importa. En finanzas, la confianza también es infraestructura.

Fuentes consultadas