INNPACTA 2026 abrió convocatoria para reconocer iniciativas que están convirtiendo la innovación colombiana en resultados medibles. La iniciativa de Connect Bogotá apunta a algo más útil que entregar trofeos: ordenar el mapa de universidades, startups, scaleups, empresas, mipymes, inventores y proyectos sociales que ya están moviendo productos, ingresos, conocimiento y soluciones en el país.
Resumen rápido
- La convocatoria estará abierta hasta el 30 de julio de 2026, según la página oficial del premio.
- Hay categorías para instituciones de educación superior, inventores, startups, scaleups, grandes empresas, mipymes, productos o servicios e innovación social.
- Las iniciativas se evalúan por nivel de innovación, impacto, madurez y resultados: una señal clara de que el ecosistema colombiano necesita menos vitrina vacía y más evidencia.
La innovación en Colombia suele contarse en eventos, pitches y comunicados. INNPACTA 2026 quiere empujar la conversación hacia una pregunta más incómoda, pero necesaria: ¿qué está cambiando de verdad? La convocatoria, impulsada por Connect Bogotá, busca reconocer, visibilizar y medir iniciativas que ya están transformando al país desde distintos frentes: investigación universitaria, emprendimiento tecnológico, innovación empresarial, productos en mercado y soluciones sociales con resultados verificables.
La noticia, reseñada también por El Tiempo, llega en una semana cargada de anuncios sobre inteligencia artificial, digitalización y nuevos programas de emprendimiento. Su valor está en que no se limita a una sola moda tecnológica. En la práctica, el premio arma una fotografía amplia del sistema de innovación: desde una institución de educación superior que transfiere conocimiento, hasta una mipyme que rediseña su operación, una startup que escala con tecnología o una iniciativa social que resuelve un problema local con un modelo sostenible.
Ese enfoque importa porque Colombia no necesita únicamente más pilotos. Necesita mejores puentes entre quienes investigan, quienes compran, quienes financian y quienes ejecutan. Una universidad puede tener desarrollos de alto nivel, pero sin transferencia quedan encerrados en papers. Una startup puede tener una solución brillante, pero sin clientes corporativos o públicos difícilmente prueba impacto a escala. Y una gran empresa puede hablar mucho de transformación digital, pero la evidencia aparece cuando mejora procesos, abre nuevos negocios o trabaja con proveedores innovadores.
INNPACTA divide la convocatoria en categorías que cubren buena parte de ese camino. Para instituciones de educación superior, el foco está en investigación, desarrollo tecnológico, transferencia y emprendimiento. Para inventores e investigadores, el énfasis está en convertir conocimiento en soluciones. Para startups y scaleups, la vara pasa por modelos, productos o servicios con valor económico, social o ambiental, además de tracción y escalabilidad. Para grandes empresas y mipymes, el punto clave es demostrar que la innovación no es un laboratorio decorativo, sino una forma concreta de crecer, diferenciarse o mejorar resultados.
También hay una categoría para producto o servicio más innovador, útil para soluciones que ya estén en el mercado o en uso, y otra de innovación social con impacto, pensada para iniciativas que respondan a desafíos sociales con resultados demostrables. Esta última es especialmente relevante para Colombia, donde muchos problemas de acceso, productividad, educación, salud, logística rural o inclusión financiera no se resuelven copiando soluciones de Silicon Valley, sino adaptando tecnología y modelos de negocio al territorio.
El premio afirma que evaluará las postulaciones por innovación, impacto, madurez y resultados. Ese detalle es más importante de lo que parece. En tiempos de inteligencia artificial generativa, automatización y discursos de “disrupción”, el ecosistema necesita distinguir entre una buena demostración y una solución robusta. Una cosa es tener un prototipo atractivo; otra, probar adopción, sostenibilidad financiera, reducción de costos, ventas, nuevos ingresos, alcance social o mejoras operativas.
Para las empresas colombianas, la convocatoria funciona como una excusa práctica para ordenar la casa. Postularse obliga a documentar qué problema resolvieron, qué tan diferente es la solución, qué métricas la respaldan y qué tan lista está para crecer. Para startups, puede convertirse en una vitrina frente a corporativos, universidades, entidades públicas y aliados que no siempre están mirando el mismo radar. Para universidades e investigadores, puede abrir una conversación más directa sobre transferencia tecnológica y emprendimientos basados en conocimiento.
Lo que habrá que mirar después del cierre de postulaciones es la calidad de los casos seleccionados. Si los ganadores muestran ingresos, adopción, impacto social o escalamiento real, INNPACTA puede aportar algo valioso: una base de referentes locales para que la innovación en Colombia se mida con historias concretas y no solo con rankings. Si, además, logra conectar esas iniciativas con clientes, inversión o política pública, el premio puede pasar de ser una vitrina a convertirse en infraestructura blanda para el ecosistema.
La fecha clave es el 30 de julio de 2026. Hasta entonces, el llamado es claro: si una organización colombiana tiene una innovación que ya salió del PowerPoint y puede mostrar resultados, este es un buen momento para ponerla bajo la lupa.