La científica colombiana Isabel Pulido acaba de poner a NanoFreeze en una vitrina global de ciencia aplicada. Su startup, nacida como spin-off universitaria, ganó el Science & Technology Pioneer Award de Cartier Women’s Initiative con una tecnología que busca hacer más sostenible la refrigeración. El tema suena técnico, pero toca problemas muy cotidianos: vacunas, alimentos, energía y pérdidas en zonas rurales.
Resumen rápido
- Isabel Pulido, cofundadora de NanoFreeze, fue reconocida por Cartier Women’s Initiative en la categoría global de ciencia y tecnología.
- La solución usa bio-nanotecnología para refrigeración natural, reutilizable y con menor consumo energético.
- El caso abre una conversación clave para Colombia: cómo escalar ciencia local hacia mercados de clima, salud y agro.
En innovación solemos hablar mucho de software, IA y aplicaciones móviles. NanoFreeze recuerda que también hay tecnología profunda saliendo de laboratorios colombianos, con patentes, materiales, biología y un problema enorme entre manos: mantener productos fríos sin depender tanto de electricidad costosa o refrigerantes contaminantes.
Impacto TIC reportó que Isabel Pulido, cofundadora de NanoFreeze, recibió el premio Science & Technology Pioneer Award de Cartier Women’s Initiative en Bangkok. La organización destaca a NanoFreeze como una empresa de climate tech que desarrolla soluciones naturales de refrigeración capaces de reducir el consumo energético hasta en 50%. El reconocimiento incluye capital semilla y acompañamiento de INSEAD, un empujón importante para una tecnología que necesita validación industrial, clientes y paciencia.
La historia tiene una raíz muy colombiana. Según el perfil de Cartier, Pulido identificó el problema durante trabajo de campo en zonas rurales del país, donde la falta de frío confiable provoca pérdidas de cosechas que pueden llegar a un tercio o incluso a la mitad de la producción. Para un pequeño productor, eso no es una estadística: es ingreso perdido, alimento desperdiciado y menos margen para invertir.
La propuesta de NanoFreeze parte de una idea elegante: usar proteínas naturales capaces de activar la formación de hielo de manera más eficiente. Con ese principio, la startup desarrolla sistemas reutilizables sin electricidad para transportar alimentos o medicamentos, y paneles que pueden mejorar el rendimiento de equipos de refrigeración comercial e industrial. Cartier menciona soluciones como neveras plegables para vacunas y “Cold Coats” capaces de mantener bajas temperaturas durante largos periodos.
El impacto potencial es amplio. En salud, una cadena de frío más robusta ayuda a proteger vacunas, muestras y medicamentos sensibles. En agro, puede reducir pérdidas entre finca, transporte y punto de venta. En empresas, la promesa es bajar costos energéticos y emisiones en una operación que muchas veces pasa desapercibida hasta que falla. La refrigeración no tiene el glamour de una app viral, pero sostiene buena parte de la economía real.
Para Colombia, el caso también deja una lección sobre financiación. Las startups de ciencia profunda no crecen con la misma velocidad que un producto digital. Requieren laboratorio, ensayos, certificaciones, manufactura, alianzas con industria y clientes dispuestos a probar. Por eso los premios, aceleradoras y fondos con visión técnica son tan importantes: ayudan a cruzar el valle entre el prototipo prometedor y la adopción comercial.
También vale mirar el rol de las universidades. NanoFreeze nació tras investigación relacionada con biodiseño en la Universidad de los Andes, de acuerdo con Cartier. Ese puente entre aula, laboratorio y empresa es justo el tipo de músculo que Colombia necesita si quiere competir en climate tech, salud, agrotech y materiales avanzados, no solo importar soluciones listas.
Lo siguiente será ver si NanoFreeze logra escalar pilotos, cerrar alianzas industriales y demostrar ahorros consistentes en condiciones reales. Si lo consigue, la noticia no será solo que una colombiana ganó un premio global. Será que una tecnología creada desde Colombia puede ayudar a enfriar mejor alimentos y vacunas, con menos energía y menos huella ambiental. Bastante más útil que otro titular grandilocuente sobre innovación.